¡Muere el detestado Huerta! Un día como hoy, 13 de enero, pero de 1916, falleció en una cama de hospital norteamericana en El Paso, Texas, Victoriano Huerta, final que a muchos ha parecido demasiado benigno para su azarosa vida en la historia mexicana. Victoriano Huerta derribó el régimen de Madero tras cerca de 18 meses de haber entrado en el poder, culminando esa intervención en el encarcelamiento y asesinato de Madero y Pino Suárez, eventos que transformaron a México en febrero de 1913.
Huerta usurpó la presidencia de la República y con esto inició un régimen que solamente la intervención de Carranza y de la mitad de México de su lado, consiguieron derrotarlo. Usualmente se queda ahí la historia de Huerta, y de ahí cae Huerta en el olvido. Pero, ¿qué pasó con él luego de su renuncia el miércoles 15 de julio de 1914?
Tras dejar el gobierno en manos de Carvajal, su sucesor interino, Huerta se fue de inmediato a Veracruz, con la mayor parte de los miembros de su gabinete y de ahí se embarcó a España, creyendo él y los suyos que en ese país se les recibiría de manera generosa, idea que se tuvo originalmente porque España fue uno de los gobiernos internacionales que rápidamente habían reconocido a su gobierno luego del asesinato de Madero.
Sin embargo, esto no fue tal, casi de inmediato a su arribo, estalló en Europa la Primera Guerra Mundial, siendo sus consecuencias particularmente álgidas a los exiliados políticos en general. Antes de haber llegado a España, el embajador español en México, Bernardo Cólogan, de inmediato contactó al gobierno del rey Alfonso XIII a fin de prevenirles que ni por error agasajaran a los exiliados mexicanos que con Huerta llegaban; arribando el expresidente usurpador y los suyos en el puerto de Santander, el 27 de agosto, y de ahí su peregrinar (Cádiz, Madrid, Barcelona).
Por este motivo de las hostilidades veladas (y en alguna ocasión hasta abiertamente), es que muchos de estos exiliados, Huerta entre ellos, regresaron al Nuevo Mundo, particularmente con destino a los Estados Unidos. No se fueron a Cuba por el pésimo sabor de boca que ellos mismos tuvieron por parte del gobierno español.
Huerta llegó a Nueva York el 12 de abril de 1915, pero tampoco encontró un sitio definitivo en esa ciudad y puerto, siendo la razón principal la de conspirar contra Carranza, particularmente con Pascual Orozco que lo quería de regreso en México. Huerta se decidió por este descabellado plan de hacer una contra revolución, y el 24 de junio se fue usando la línea de Ferrocarriles Chicago, Rock Island & Mexico con destino a Newman, Texas, lugar donde se encontraría precisamente con Pascual Orozco, y entre ambos llevar a cabo la invasión concreta a través de Chihuahua el 28 de ese junio de 1914.
De esta manera se convertiría en un factor más en la ebullición revolucionaria y provocarían sin duda una desestabilización de México aún mayor. Se giraron órdenes de aprehensión para Orozco y Huerta bajo el cargo de conspiración tras el reconocimiento de los Estados Unidos a Carranza como el presidente de facto e interino de México, siendo detenidos Huerta y Pascual Orozco el 27 de junio, un día antes de la ejecución de su plan de invasión, aprehensión en el estado de Nuevo México, y conducidos a El Paso.
Una vez en ese importante punto fronterizo Huerta es llevado a Fort Bliss; Pascual Orozco que iba a su encuentro en esa localidad, también es detenido. Orozco logra fugarse el 3 de julio de 1915, y el 30 de agosto es asesinado a manos norteamericanas cuando regresó a Estados Unidos por bastimentos y municiones para su causa, acabando con esto cualquier sueño de Huerta para poder figurar otra vez. Fue puesto en libertad el 5 de noviembre de 1915, pero ya no era la sombra de lo que había sido, los años de alcoholismo y el dedicarse a beber aún más en esa breve libertad minaron su salud tremendamente, lo que le llevó a un cuadro de cirrosis agudo que finalmente acabó con su vida.
Su acta de defunción habla de que murió de cirrosis e ictericia en el hospital de Providence, siendo enterrado al día siguiente. Seguía muy fresco el lema de ¡Viva Madero! ¡Muera Huerta!, esta última leyenda esculpida en plata en una moneda duranguense de 1914, el peso más famoso de “la” revolución.
@Ricardo De León Tallavas